samysilva.com

March 20, 2010

                
       

Acerca de la gran omisión de Matías Rafide

Tema: Publicaciones — admin @ 5:55 pm

Jaime González Colville
El Heraldo el 8 de junio de 1975

Desde 1938 en que publicó Mar de Caracoles, la dedicación de Samuel Maldonado Silva a las letras se acerca ya a los cuarenta años. Ha creado sin alardes, sin vocear su condición de escritor, quizás debamos decir que su característica sea el retraimiento y la no-ostentación.
Durante una semana me di al serio trabajo de leer detenidamente su obra, novela y poesía, hay una calidad que salta de inmediato a la vista: Maldonado Silva es más poeta que prosista.Poeta inspirado, de buen acento, de generoso vuelo, mi atención se ha concentrado en “Cantos para Soledad”… ¿Por qué un libro tan valioso permanece semi olvidado? ¿Por qué no se recogió el nombre de este autor en la antología “Poetas de la Región del Maule” del Dr. Matías Rafide?
Publicado en 1961, con dibujos de Pedro Olmos y excelente tipografía, el libro es un monólogo de amor, un grato resumen de reflexiones, de lenguaje tierno, lleno de iridiscencias, sentimentales y amatorias:

                                 de la piel tan sedosa del durazno.
                                 que asemeja tu tez adormecida.
                                 palabras con sabor de miel y guinda
                                 que alhajan el sendero del ensueño.

Suena a corazón, a alma de desbordada sensibilidad, se ha depurado su acento desde Ronda de Ansias de 1946, aunque persiste un cierto sabor surrealista y una visión sosegadamente optimista de la vida.
La esencia vital de estos poemas está marcada por la naturaleza, Maldonado recurre a ella como lo haría Machado, para acentuar su existir:

                                  y quisiera también deciros, niña,
                                 que amo la estrella que su luz suspende
                                 allá en la altura solitaria.
                                  “…que adoro el cristalino son del agua
                                 que entre peñasco va buscando el mar
                                 y va a su paso fecundo el musgo
                                que su esmeralda en la ribera luce …”

Como Villaespesa que pide ternura para lo que rodea al hombre, Maldonado Silva identifica a su amor con la maravilla de la creación, resabios mundonovistas en que nuestro coterráneo Francisco Contreras, fue un teorizador.
La visión del mar,  o una conmovedora elegía a Manuel  Morales Basoalto integran un volúmen homogéneo y engastado de imágenes bien logradas. Maldonado Silva merece figurar entre los poetas de antología de nuestra región, su obra es seria, bien concebida y enmarcada en una gran conciencia literaria, El Ambito Silencioso (1958), pese a tener vacíos de estructura, recuerda a aquel boticario de Roble Huacho de Daniel Belmar, mientras que En Tinieblas anda el Hombre (1940) es el drama del hombre acosado, con las interrogaciones desgarradoras de las vidas sin horizontes.
Cantos para Soledad es uno de esos libros que se cierran suavemente y no se suelta de inmediato, es imposible no volver a oír, por ejemplo:

                                 allí está la casa antigua
                                 con aire de campiña desolada,
                                 hermana de la pena y del olvido,
                                 luciendo su tez no maquillada.
                                 ahí la casa antigua, niña,
                                 con todo su bullicio derrumbado.

No Comments

No comments yet.

RSS feed for comments on this post.

Sorry, the comment form is closed at this time.

Powered by WordPress